«Una hoja de papel blanca, vacía, en blanco, sin inscripciones; un sentimiento intacto, una experiencia aún no descubierta. Un pasaporte hacia otro lugar, hacia otra vida, hacia un nuevo comienzo, hacia el azar; (...)

para llenarlo con lo mejor, lo más doloroso, lo más banal, lo más sublime y, aun así, inscribirlo con vida, amor, recuerdos, miedos, vacíos y razones inesperadas para existir. Un simple objeto blanco (...), esperando.»

Félix González-Torres, Untitled (Passport), 1991

Una forma de rendir un homenaje a páginas perdidas u olvidadas, una manera de revivir pedazos y contar historias.

El collage nos enseña a ver el valor en aquellas cosas que están lejos de ser “perfectas”, nos recuerda que la belleza no está en las cosas meramente bonitas, sino en las cosas con alma y con historia, que las cosas valen, aunque no estén en perfecto estado que, de los rotos y de las arrugas, de los errores, de lo incompleto, de lo viejo y de lo que sobra, cualquier cosa —por pequeña, arrugada o sucia que esté— pueden surgir belleza, historias, emociones y aprendizaje. Solo depende de la atención que le prestes y el mimo con el que lo trates.

El collage abre un universo de posibilidades, una nueva forma de mirar el mundo, en la que entiendes que cada estimulo, cada imagen o material puede ser un lienzo en blanco, un "pasaporte", un punto de partida.